Llevo dos vigas atadas a los hombros.
Sobre una se sienta plácida la pesadilla de las cosas.
En la otra las cosas se designan
y se archivan en carpetas inmensas.
Su peso se fija en mis hombros
que se curvan hacia adelante,
como si trataran de proteger al pobre corazón.
En la boca una mordaza quiere ver tu soledad.
De los extremos cuelgan, a modo de fulcro,
monos que danzan mil piruetas
convencidos de la dureza de los huesos.
Parece que llega el invierno, otra
vez, como todos los años,
como todas las vidas, produce
un cansancio inmenso
el peso de estas vigas.
2000
domingo, 29 de marzo de 2009
jueves, 5 de febrero de 2009
El Jardín del Edén
Escupíais en mi rostro demasiado limpio
y acariciaba con la lengua la saliva del odio.
Quería mostrar el esplendor de una verdad oculta,
regalo pronunciado con letras azules
que no podíais comprender,
acostumbrados a ocultar con ropas caras y perfumes dulzones
una esencia vacía, una existencia más pobre e insípida que la de un pez.
Y cuanto más me escupíais
y cuanto más defecabais en mi cerebro,
más reluciente y hermoso se reflejaba el insulto
en el cristal de mis ojos.
Y es así como el perfume ya no es capaz de ocultar
el hedor inmundo de vuestro ser sin alma,
y es así como brota de mi mano un canto de sirenas
que os recuerda el desorden de vuestra vida vacía.
De esta manera, sin que lo supieseis, he ido alimentando con vuestra podredumbre un jardín alegre, un jardín abierto al amor, jardín con flores, con flores para quienes saben amar.
A Jesús
y acariciaba con la lengua la saliva del odio.
Quería mostrar el esplendor de una verdad oculta,
regalo pronunciado con letras azules
que no podíais comprender,
acostumbrados a ocultar con ropas caras y perfumes dulzones
una esencia vacía, una existencia más pobre e insípida que la de un pez.
Y cuanto más me escupíais
y cuanto más defecabais en mi cerebro,
más reluciente y hermoso se reflejaba el insulto
en el cristal de mis ojos.
Y es así como el perfume ya no es capaz de ocultar
el hedor inmundo de vuestro ser sin alma,
y es así como brota de mi mano un canto de sirenas
que os recuerda el desorden de vuestra vida vacía.
De esta manera, sin que lo supieseis, he ido alimentando con vuestra podredumbre un jardín alegre, un jardín abierto al amor, jardín con flores, con flores para quienes saben amar.
A Jesús
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